
La fisura anal es una pequeña lesión en la piel del canal anal que suele causar dolor intenso al evacuar (como “cortada” o “ardor”), y con frecuencia sangrado rojo brillante. Es muy común y se relaciona con estreñimiento, heces duras, esfuerzo al evacuar o episodios de diarrea.
El objetivo es bajar el dolor y el espasmo desde el inicio, para que la fisura pueda cicatrizar. La mayoría de los casos mejoran con manejo médico y cambios de hábitos. Si la fisura es crónica o no responde, existen opciones de procedimiento seguras y efectivas.
Historia clínica detallada: dolor al evacuar, sangrado, estreñimiento, heces duras, tiempo de evolución y antecedentes.
Exploración proctológica discreta: revisión cuidadosa de la zona anal para identificar la fisura y descartar hemorroides, absceso u otras causas.
Anoscopía (solo si se requiere): en algunos casos para completar la evaluación, siempre priorizando tu comodidad.
El tratamiento se enfoca en disminuir el dolor, relajar el esfínter (espasmo) y lograr la cicatrización. Generalmente incluye:
Manejo del estreñimiento: fibra, hidratación y ablandadores de heces si están indicados.
Cuidados locales: baños de asiento tibios y pomadas/medicación según tu caso.
Hábitos de evacuación: evitar pujar, no permanecer mucho tiempo en el baño y corregir rutinas.
Procedimientos (si aplica): en fisuras crónicas o recurrentes, se valoran opciones proctológicas con alta tasa de mejoría.

